Arti Leimbacher
por Bel Maria Galmés
La virginidad de Mallorca fue lo que más atrajo a Arti Leimbacher de nuestra isla. Una virginidad que sigue buscando en cada obra que realiza. De ahí la gran presencia de animales en su producción: corderos, perros, hormigas, conejos… En la misma línea, la naturaleza juega también un papel fundamental, que el artista trata de manera muy diversa, desde la compartimentación en un mosaico de fragmentos en las obras de la serie “Campestre” hasta la experimentación directa con maneras de ahorrar agua para sembrar. La virginidad que busca el artista refiere a algo esencial, que se respira también en cada retrato, en cada escena de la vida cotidiana. En este sentido no es casual que antes -hace años ya- practicara la abstracción en pintura, pues se llegó a ella buscando lo esencial, desnudándola de contenido para encontrar aquella virginidad, algo casi religioso. Pero Arti ya no lo encontraba en la abstracción, por eso volvió a las fuentes, a la simplicidad de la vida cotidiana: a los corderos, cerdos y otros animales, como versaba el título de una exposición suya. De la misma manera que Franz Marc encontró la pureza en los ojos de los animales, Arti ha captado este sentido que adquiere todo en la contemplación de cosas tan simples como las ovejas pastando, un perro tumbado en la sombra de un árbol… en el mismo sentido que los personajes de Dostoievsky encontraban a dios en la contemplación de una flor.Esta búsqueda de lo auténtico es lo que subyace tras la multidisciplinar producción del artista -que puede comprender también el soporte digital o la instalación-, difícil de encasillar en un estilo concreto, porque las características que se podrían abstraer de algunas obras se verían anuladas por otras: el trazo nervioso y espontáneo, característico de la mayor parte de su producción en la serie Campestre deviene detallista i minucioso; el acabado pulido y detallado de los platos y figuras de la serie Frogs and others deviene vibrante y esquemático, casi como un esbozo, en las esculturas de los “Plasmagodis”. En este sentido tampoco se limita a plasmar la inmediatez de lo cotidiano, encontramos series más introspectivas o con un trasfondo crítico, como en las “pinturas negras” de la serie Mayday Maddie, o la explícita crítica al mundo oficial del arte que encontramos en la serie Art Moderne de la brosse avec le bouquet de l’ocre, en su línea que oscila entre la visión crítica y el humor.
Arti Leimbacher (1956, Berna, Suiza). Estudió Bellas Artes en la ZHdK de Zürich (1977/78) y en la Académie Charpentier de París (1979/80), y cinematografía en la ZhdK de Zürich (1983/84). Vive en Mallorca desde 1986 y ha participado a lo largo de los años en diferentes proyectos artísticos dentro y fuera de la isla. Fue artista y colaborador de Lacasadelcactus y cofundador de “Capdesmoro Al Quinto Pino Art Club”. Ha participado en exposiciones individuales y colectivas como “Nature morte oder die Abdankung im Wöschhüsli”, en Frauenfeld (Suiza,1980), “Xots, porcs i altres animals” en la Galeria Kunstmann de Santanyí (Mallorca, 1996), “Ultramarinos”, Lacasadelcactus en el Institut de Cultura, La Capella, La Virreina, (Barcelona, 2001), “Animalia” en Can Gelabert, Binissalem – Museu de Mallorca, Palma, (Mallorca, 2001), “Arenas movedizas” en el Festival Cabueñes, Centro de cultura Antiguo Instituto Jovellanos (Gijón, 2002), “Wakumomi” en Shedhalle, Rote Fabrik, Zürich (Suiza, 2005) y en Trudelhaus, Baden Baden CH ( 2006) o «Memòries d’un turista» en la Església Vella de ses Salines (Mallorca, 2009).
Texto: Bel Maria Galmés
Una entrevista con Honorat Bauça Roig
Salinero de adopción y artista de profesión, cuando te has instalado en Salinas?
Me instalé en enero de 1986.
¿Por qué aquí?
Esta pregunta me la he hecho muchas veces sin llegar a saber dar una respuesta clara, menos una, la palabra ‘destino’. Pero del destino sólo se sabe su pasado, mi memoria, un sendero con puntos de referencia, waypoints. Desde mi infancia mi vida ha estado ligada a los animales, a la fauna y flora, al campo y al Mediterráneo. De niño pasé maravillosos tiempo en una isla de la antigua Yugoslavia. Un idilio que hoy creo que no existe. Era por la orilla del mar entre higueras y pinos. Allí vivía una familia de pastores y pescadores. Había un pequeño muelle con dos barcos de tipo llaút y una pequeña casa con parras, y corrales y barracas de pared seca para los animales. En medio un burro que no hacía nada. Me llevaron a pescar y guardar el ganado. Esto sin duda me marcó, así como el recuerdo de haber jugado a romanos bajo los pinos de Orbetello, viejas tierras de los etruscos. Las gorras de natación de las madres nos servían de cascos y las ramas de las matas y los pinos para hacer armas. Son ‘waypoints’ como son la mayoría de amigos que he tenido en la escuela, que eran inmigrantes de Apulia y Sicilia con quien pasaba los fines de semana en un antiguo teatro donde se reunían italianos, españoles y portugueses. Siempre alegres, cantando, bailando y preparando comida deliciosa. Otro waypoint fue un libro de la mitología griega que me regaló mi tía. Me gustaba leer. Después, en el instituto, el Mediterráneo oscureció. Los sermones mortíferos de profesores de historia taparon la antigüedad con un humo denso y acre, dl cual pude escapar para encontrarme a principios de 1975 en Ibiza, donde la metástasis de la construcción comenzaba a crecer. Después de dos largas estancias dejé la isla en destrucción por no volver. Años más tarde estaba de nuevo por Suiza, y otra vez inquieto, se despertaba de nuevo el anhelo por el Mediterráneo, Cerdeña, Sicilia, Grecia. Curiosamente mis padres se instalaron en la isla de Mallorca, como hacen muchos pensionistas del norte. Los fui a visitar y descubrí un paisaje intacto desde siempre, y gente que todavía tenía los pies en la prehistoria. Uno de ellos era en Biel Curt, mi maestro, que me inició en la vida y el mundo de las culturas antiguas. Con poco dinero me compré una casa en ruinas. Pude hacer mis cosas y al mismo tiempo cuidar a mis padres que volvían mayores. Después llegó mi mujer, nacieron nuestras hijas, colegio, instituto. El por qué es largo.
Hablas perfectamente el catalán, cosa rara en un suizo. Como lo has aprendido? La has estudiado?
Dominar perfectamente el catalán es un largo camino, que va desde el mar hasta la Pica d’Estats. Yo todavía estoy a nivel de mar. Y hablar mallorquín es tan extraño en un suizo como en cualquier otra persona que no se ha criado en las fronteras lingüísticas del catalán. Empecé a aprender el mallorquín en tierra de secano entre almendras e higueras, la garriga y el bar con pastores y campesinos. No tengo estudios oficiales, pero voy estudiando, escuchando, leyendo, aprendiendo, poco a poco.
En cuanto al arte, cuando se despertó tu vocación? Algún hecho concreto te ayudó a decidirte a emprender este camino?
Guardo unos dibujos de cuando tenía cinco o seis años. Uno es un relato de un ciervo cargado en un trineo que los cazadores bajaron de la montaña por los Alpes suizos. Durante toda mi infancia dibujé; vivencias de la imaginación, retratos de amigas que me gustaban, futbolistas, etc. El destino hizo coincidir mi pubertad con los movimientos hippy, flowerpower, 68 y punk, que me marcaron y me despertaron inquietudes y curiosidad. Los primeros cuadros en mayor formato los pinté con catorce años. Ya sabía por donde iba el camino, pero los primeros intentos de tomar las riendas de mi vida encontraron una dura resistencia paternal. Comenzaba para mí una lucha y una vida de bohemio precoz e ilegal. Pintaba y leía de noche para no asistir a clase el día siguiente, sino ir a un bar a escribir o visitar galerías y museos o pasar horas con un galerista de renombre entre exquisitas obras del siglo XX. Los finales de curso los pasaba mal. El desasosiego era tal que dejé las clases y partí armado con dos carpetas de obras y una mochila llena de libros rumbo a la Polinesia. Sólo llegué a Ibiza, donde intenté vender mi obra arrastrando las rodillas entre langostas, patas de mesas, y elegantes piernas morenas -con poco éxito. Finalmente, con veinte años, entré en la academia de bellas artes
Estás autodidacta o has tenido una formación artística? Dónde? Con quién?
Estuve de 1977 a 1978 en la Hochschule für Gestaltung und Kunst Zürich (HGKZ) con los profesores Erich Brändle y Werner Jans, entre otros. En 1979 hice grabado con Bruno Stamm y escultura con Paul Grass, un escultor nacido en las montañas suizas que guardaba sus esculturas en cajas de cerillas. Después me inscribí en la Académie Charpentier de París, y como polizón visitaba algún curso en la Sorbona. El 1983 y 1984 estudié cinematografía en la HGKZ con Franz Reichle. Los estudios nunca terminan.
Hagámonos cinco céntimos de tu trayectoria artística?
Mi trayectoria artística es un viaje por desvíos, aunque la derrota siempre ha sido la pintura y la escultura en todas sus facetas. No lo parece, pero todo lo que hago está en contexto con el tronco principal. La curiosidad me llevó a las artes escénicas como actor y director, en el huerto ecológico-biodinámico y en la cocina, la construcción antigua, a la informática aplicada, incluso a los inventos. La trayectoria son las huellas que dejan las obras, más visibles en una exposición que en un taller oscuro. Ahora bien, si te refieres a medallas y premios, de eso no tengo, y me interesa poco o nada, o sea el mismo nivel de interés que los donantes de obsequios tienen hacia mí.
¿Qué es el arte para ti?
Qué pregunta! No es más que una declaración. Una declaración de una persona, de un grupo, de una clase, de una sociedad, basada en la educación y la percepción del declarante. No hay fórmula, no hay receta y no se puede generalizar. Para hablar sobre arte necesitamos al menos una obra delante o presente, o hacer una observación comparativa de las bellas artes, como postulaba Julius Meier Graefe, crítico de arte de principios del siglo XX. El término arte es tan difuso como lo es el de artista. Artista es alguien que hace arte, pero no hay ningún instrumento ni herramienta que se diga arte. Pero si hay músicos que hacen música, poetas que hacen poesía, pintores que pintan, directores que hacen cine, si hay suerte, la creación, la expresión humana sale del profano y puede acercarse a lo divino. Decía el compositor Stockhausen que sólo era el emisor de algo divina.
Como te sientes más cómodo, con la pintura o con la escultura?
No me siento cómodo con ninguna de las dos. El trabajo es sucio, y cuando las medidas son mayores el esfuerzo físico también lo es. Empiezo desde cero, desde la intuición, desde la inspiración, desde la impresión, desde el indefinido. El camino hasta la materialización, hasta conformarme, suele ser un calvario, con muchas equivocaciones por medio. Y muchas veces nacen monstruos.
Crees que el arte sólo debe ser decorativo, o también debe ser reivindicativo y transgresor?
Las buenas obras tienen un poco de todo. Similar a la cocina. Son las proporciones de los ingredientes que hacen que una obra sea consumible. Las antiguas civilizaciones nos enseñan mucho sobre la proporción, y también sobre la decoración como arte, lo que podemos apreciar navegando por la historia y descubriendo un sinfín de referencias de una belleza sorprendente. Y por otro lado hay reivindicaciones de arte que degeneran en una vacua decoración malvada, a veces incluso disfrazadas de transgresoras. Y no creo que haya ni que haya habido artistas más o menos consagrados con la voluntad de ser transgresores. Es un término que se emplea desde una posición de poder. Puede ser un academicismo, una sociedad, una religión, un estado practicando la censura abiertamente o de manera más silenciosa y sutil. Hoy día en Europa la censura está sustituida por un arma más letal, la ignorancia deliberada. Aunque últimamente hay intentos de volver a la vieja escuela de la censura, como es el ejemplo un retrato de una chica de Balthus. Si el intento tiene éxito Balthus cambia de pintor clásico pintor transgresor. El artista, en cualquier caso, sólo puede ser transgresor de sí mismo.
¿Qué valoras más en un artista, la habilidad técnica o la originalidad de la idea?
La habilidad técnica es necesaria. Es la herramienta con la que puedes expresarte. Y tener más conocimientos nunca es malo, aunque sola aturdir. La habilidad técnica en su perfección es la virtuosidad, que no cambia el hecho de que la técnica a solas es técnica, donde echamos de menos el arte, sentimientos, amor, pasión, vida. Términos, entre otros, que hacen la originalidad de una obra, que no es la originalidad de una idea, un argumento que se emplea en la publicidad y la propaganda y que suele ser efímero. Cuando Cézanne cogió lienzo y aceites y fue a pintar por el Mont Sainte-Victoire no era una idea de mucha originalidad, pero la obra que dejó es muy original. Dos ejemplos, los pintores Giorgio Morandi y Zoran Music. El primer pintaba bodegones en su pequeño taller en Italia, el segundo pintaba los horrores que vivió en el campo de concentración nazi. No encuentro ninguna buena idea o idea original, ni dentro de sus vidas ni dentro de sus obras tan originales.
Crees que las prisas del mundo actual han devaluado un poco el trabajo artesano del artista?
Las técnicas se ganan y se pierden dijo la historia. El artista artesano como figura romántica es del pasado. Pero hay millones de artistas por el mundo, y aún más artesanos. Hay artistas que sólo hacen conceptos dejando la materialización de su apunte en manos de ingenieros y artesanos. Creo que es la sobredosis de información e ignorancia que ha devaluado el trabajo ajeno.
¿Cómo definirías tu estilo?
No tengo estilo. Utilizo dedos, mano y cuerpo y herramientas y materia. Hubo una época en que me dejé arrastrar por el arte concreto y corrientes similares para volver al figurativo con toda su libertad.
Recientemente, en la iglesia vieja de las Salinas, has presentado una exposición de gran éxito y de gran repercusión mediática, «Gente de por Jussana», nos haces cinco céntimos de este trabajo?
Era una exposición de cien retratos pintados sobre madera de gente de por Jussana, descendientes de íberos, griegos, romanos, fenicios … y Jussana es el nombre antiguo de Ses Salines. Lo empleé porque es bello y porque hace referencia a un contexto histórico y al intento de detener el tiempo. En términos prácticos tuve unas planchas de madera con las mismas medidas, empecé el primer retrato, el segundo, a así. Era como coleccionar cromos. Pinté con la ayuda de apuntes, fotos y la memoria, y de manera pragmática. La exposición tenía un subtítulo, «100 retratos 99 amigos», que proviene de un dicho por la zona que consiste en decir «Buenos días a todos menos uno» al entrar en un bar o en una tienda. Pocos días antes de la inauguración vi el peligro en que me había puesto. Temí que los 99 amigos podrían convertirse en 200 enemigos, 100 retratos y 100 no retratados. Ha ido bien. Los visitantes se han divertido y han aprendido algo, aunque sólo sea el hecho de que soy artista.
¿Qué proyectos tienes, relacionados con el arte, de futuro?
Mis proyectos siempre han estado relacionados con arte, y lo estarán en el futuro. Pero no me gusta hablar sobre mis proyectos mientras no están bien maduros. Tengo una bodega oscuro y lleno de gérmenes que esperan ver la luz. En mi caso la creación nace y crece en el silencio. Las palabras sobran, matan la criatura antes de nacer. Pero sí tengo ante el trabajo de publicar un catálogo de la exposición «Gente de por Jussana». Para ello todavía tengo que encontrar apoyo en forma de ayudas, subvenciones o crowdfunding. Mucha papeleo, detestable actividad para un artista.